
En estos días en los que tantos cantan el poema de Benedetti y se llevan dos dedos a la cara para mostrar su apoyo a la PAZ, yo, que siempre he sido mucho más mundana y de pequeños gestos, prefiero pedir esa defensa de la alegría para la vida cotidiana, para la conquista diaria de la felicidad, aunque sea en minúscula.
He oido infinidad de veces eso de que"la felicidad no consiste en tener lo que se quiere, sino en querer lo que se tiene"; pero, por más manida que esté la frase, no deja de encerrar una gran verdad y una gran enseñanza. Algunos pueden pensar que invita al conformismo, pero yo prefiero pensar que simplemente va en contra de la ansiedad que se ha apoderado de nosotros.
No valoramos lo bueno que tenemos porque siempre sentimos que nos falta algo y ese algo se renueva constantemente a medida que vamos consiguiendo cosas. Entendemos la felicidad como un lote y como ese lote nunca está completo, pues nunca somos del todo felices. Andamos siempre arrastrando frustraciones...
Por eso creo que hacer este alegato de optimismo no está de más. Aprendamos de aquellos que viven felices por muy mal que la vida les trate, aquellos que, a pesar de sus problemas, siempre tienen una sonrisa para darte.
Vacunémonos contra la tristeza y los malos rollos, dejemos de sentirnos víctimas de confabulaciones del universo simplemente porque nuestra vida amorosa no funcione o nuestro trabajo sea una porquería. Aprendamos del hombre feliz de Lucina, que para algo le han dado un Goya.
Desdramaticemos y relativicemos, puñetas, que tampoco estamos tan mal!
1 comentario:
Hola, soy Isabel
Desde luego que este blog no es lo que era, con lo que ha sío, hasta el anonintruso se ha cansado de escribir ¿cómo es que nadie hace comentarios a un texto tan lindo desde el 13 de febrero? Claro, que era día 13. Mari, no vuelvas a escribir ese día, que a la gente no le gusta.
¿para cuándo el debate sobre la copla en el blog?
Un beso a todos, no olvidarse del ciberespacio.
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