
Será que cada vez está más cerca mi nueva etapa como madre o será que acabo de pasar dos días estupendos con la mía por aqui, el caso es que estoy especialmente sensible con un "papel" que cada vez va ganando más significados y más matices para mi.
Por eso hoy me gustaría dedicarle un ratito a mi madre y por extensión a las vuestras. A las que están y a las que se han ido. A las que conozco personalmente y a las que conozco sólo por las anécdotas que sus hijos contáis de ellas.
Nos han parido y nos han criado. Algunas a la vez que trabajaban fuera de casa, otras con dedicación a tiempo completo, pero todas con la ilusión de vernos crecer y convertirnos en las personas que somos.
Mi madre y yo hemos tenido desde siempre una conexión especial, supongo que en parte porque siempre se tiene con las madres y en gran medida por ser ella como es.
Fui la primera y me tuvo muy joven. Bueno, todo lo joven que se tenían antes los niños. Durante casi 5 años fui hija única, sobrina única y nieta única (al menos por la parte de los Yévenes), así que obvio decir quién era la reina de la casa.
Recuerdo que mi madre me llevaba a todas partes desde muy pequeña. En cuanto empecé a andar era la primera en todos los fregaos. Lo mismo una bulla de Semana Santa que una feria, que un mitin del PSOE, que un espectáculo en el Álvarez Quintero en el palco de mi abuelo. (No va a gustarme la calle, si es que he echado los dientes en ella?!)
Siempre hemos sido muy cómplices. Hemos hablado mucho, hemos compartido mucho y nunca ha sido la madre típica. Ni castradora, ni posesiva, ni absurdamente autoritaria. Ha ejercido sobre mi el poder del amor, de la generosidad, del respeto y de la confianza.
Jamás me ha prohibido nada, pero me ha dado los elementos de juicio suficientes como para que yo ni pensara en hacer aquello que no debía. Supongo que por eso nunca la he engañado, ni con mentirijillas de niñata. Bueno, por eso y porque me conoce tan bien que a veces ha sabido antes que yo lo que me pasaba. No hay forma de escamotearle la verdad!
De ella he heredado la pasión por el cine, por la música, por la lectura. El gusto por la cocina y por reunir a los amigos en torno a una mesa con una buena conversación y un buen vino. La valentía, la capacidad de sacrificio y espero que muchas cosas más.
Ella, que normalmente descumple años porque cada día está más joven, pronto va a ser abuela y está tan ilusionada que da gusto verla. Se le llena la boca hablando de su Lola y de las muñecas que le va a comprar y los modelones que le va a poner y los biberones que le va a dar. Estoy deseando que nazca, entre otras cosas, por darle esa alegría.
Mamá, te quiero.
Yo de madre quiero ser como tú.