
El sábado vimos cumplido uno de nuestros sueños más petardos: fuimos de público a
"Se llama copla"!, el fenómeno televisivo de la temporada en Canal Sur.
El año pasado nos quedamos con las ganas de ir porque, cuando nos decidimos, ya había navajazos para entrar en esa grada, por eso este año nos hemos puesto las pilas y hemos movido los hilos de la influencia con tiempo.
Ángel, el director del programa y amigo de mi hermana Belén, nos informó de los invitados que irían durante todo el mes de octubre y noviembre, con idea de que eligiésemos un día con invitado potente. En vista de que nuestras agendas echaban humo y de que tampoco había mucho donde elegir... ("me corto las venas con Andy & Lucas o me regodeo en el morbo de asistir a un batacazo en directo de Massiel bajando esas escaleras?") ... al final optamos por el 15, pensando en lo de Massiel (Nos puede el morbo, nos puede!) y mira tu que Ángel, dos días antes, se nos decuelga con que Massiel les ha fallado (pensamos que ha podido caer de nuevo por una ventana) y han metido al Arrebato en su lugar. Ohhhhhhhh, gran chasco! Tanto cuadrar agendas para esto, santo Dios! No importa, no importa, la copla está por encima de esto, que no cunda el pánico!
Por supuesto elegimos la opción de asistir como público VIP, con visita guiada por las instalaciones, presentación de los concursantes y del jurado, canapieses... Lo que es un completo, vamos!
Eso implicaba estar alli a las 8 de la tarde, pero como no hay nada que no hagamos nosotros por un pipiteo de este tipo, pues alli nos plantamos: Ángel, Juan, Conso, Rafa Gómez y yo.
Ángel fue el anfitrión perfecto. Nos llevó por todos los rincones de los estudios, nos presentó a los concursantes, a Silvia Pantoja (
"Gitana, tu me qqqqquiere", le decía a su perrito con jersey de espiguilla negro y blanco cuando entramos a verla), a Hilario (la gran momia de la copla), a Eduardo Banderas, a la reportera friki que hace esos videos que valen su peso en oro... nos llevó al plató vacío mientras el Arrebato ensayaba la canción al piano con Jesús Lavilla... En fin, que gracias a él pudimos ver a Rocío en rulos, a Inmaculada quejarse de que su traje le quedaba estrecho y no se podía ni sentar, a Jonás decidiendo si se ponía un brillante en el pañuelo o si quedaría mu mariquita, a Sara antes de colocarse ese modelo "burbuja freixenet" de baratillo que lució durante la gala... Momentos impagables!
Antes de pasar a la grada nos atrincheramos en el catering y nos pusimos de grana y oro pensando en las mil horas de programa que nos quedaban por delante. Ahi es cierto que estuvimos a punto de perder el glamour pero, gracias a Dios, antes de que nos revolcáramos en los petisús de chocolate, vino la chica para sentarnos en lugar privilegiado: segunda fila, justo detrás de la familia. Sin ir más lejos, yo tenía delante a la madre de Laura que, con su cardado en el tupé, me eclipsó en el 80% de los planos!
La gala fue más llevadera que desde casa a pesar de tener que aplaudir cada dos por tres y levantarte y sentarte como en el juego de las sillas musicales. El estar alli y ver todo el entresijo, escuchar los comentarios de las madres y del resto del público, ver de cerca a Sara, impertérrita, viéndolo ya desde la barrera (por un momento pensamos que la petaca de sonido que le asomaba por detrás eran las pilas. Se ve tan automatizada que estuvimos a punto de desconectársela a ver si así se descubría que realmente es un robot que solo sabe repetir:
"Yo me siento artista, yo me siento artista, yo valgo, yo valgo, yo no desafino")...
A pesar del Arrebato y de que fue una gala en la que sólo se salvaron 3 o 4 temas de todos los que cantaron, disfrutamos como enanos.
Sólo por escuchar
Mi niño Macareno o
En el último minuto en directo, por ver cojitranquear a Hilario o a Sara malmeter con su madre. A Laura remedando a la retante y volviendo a la grada diciendo "Qué supuestaaaaa!" o a Ángel contándonos anécdotas y secretillos del programa, ya merecieron la pena las dos mil horas que pasamos alli muertos de frío, sentados en incómodas sillas de Ikea.
A partir de ahora, cuando esté en mi casa el sábado por la noche, repanchingá en el sofá, con la mantita porsimita, calentita y aprovechando los cortes de publicidad para ir al baño, me acordaré de nuestra excursión a la Pañoleta, a los estudios de Caligari y aún valoraré más la magia de la tele y la comodidad de mi casa.