domingo, 6 de abril de 2008

ESPECIALMENTE EN ABRIL


Especialmente en abril
se echa a la calle la vida.
Cicatrizan las heridas
y al corazón, como al sol,
se le alegra la mirada
y se abre paso entre las nubes.

Al paisaje se le suben
los colores a la cara.
Y apetece ir donde cubre
a nadar contra corriente.

En abril especialmente
–en Buenos Aires, octubre –.
Se ruega al señor «fulano de tal»
–dice la voz de la conciencia malherida–
que haga el favor de personarse
urgentemente en la salida.
Que el día más insospechado
y de cualquier manera,
en el lugar más imprevisto
se puede aparecer la primavera.

Especialmente en abril
la razón se indisciplina
y como una serpentina
se enmaraña por ahí.
Van buscando los rincones,
sofocadas, las parejas
Hacen planes y se dejan
llevar por las emociones.
Sin atender, imprudentes,
el consejo de Neruda:
«que las nieves son más crudas
en abril, especialmente».

Se ruega al señor «fulano de tal»
–dice la voz de la conciencia malherida–
que haga el favor de personarse
urgentemente en la salida.
Que el día más insospechado
y de cualquier manera,
en el lugar más imprevisto
se puede aparecer la primavera.
Especialmente en abril...

(JM Serrat)


No tendría ningún mérito abril si no existiera enero y no disfrutaría tanto de la primavera si no llegara para dejar atrás el crudo invierno.

Con las estaciones, como con la vida, hay que pasar frío para apreciar el calor, pero también hay que saber sacarle partido a una tarde lluviosa para que los días largos y calurosos no parezcan tan lejanos.

miércoles, 2 de abril de 2008

NUESTRA LOLA


Después de una Semana Santa inolvidable, el Sábado de Gloria nos trajo el mejor regalo de nuestras vidas. Nuestra hija Lola vino al mundo casi sin hacer ruido. Resolviendo rápida y eficazmente, como su madre.

Antes de decidirse a salir, aguantó toda una semana de bullas, caminatas, cornetas y tambores, Amargura y Madrugá, Campanilleros y Rocío, torrijas y pestiños... De cervecitas por aqui y tapitas por allá... De Manolo del Toro y saetas de balcón. Esta niña promete.

Su padre y yo la recibimos con lágrimas de alegría, con la emoción desbordada de meses de espera e impaciencia y con la tranquilidad de saber por fin que todo había salido perfecto. Un embarazo de libro, un parto de cine y una niña preciosa. Qué más se puede pedir?

Nuestra vida ya no volverá a ser como antes. Dormiremos menos, comeremos a deshora, andaremos como vaca sin cencerro con las tomas de los bibis y los cambios de pañales y, sobre todo, nunca más sabremos lo que es la despreocupación.

A cambio, esta niña ha abierto de par en par una habitación que hasta ahora estaba cerrada y a oscuras y la ha llenado de luz radiante. Todo lo que venga a partir de ahora merecerá la pena, sólo con que nos mire con esos ojos enormes y nos regale una sonrisa.